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Día 11: kayak, snorkel y vistazas

Y…..MADRUGAMOS!!! Como no podía ser en uno de nuestros últimos días, madrugamos, y para los que pregunten que si madrugar es levantarse a las 8:30, les digo que no. Madrugar es estar listos y desayunando a las 6 de la mañana para salir justo después de desayunar. Eso es madrugar. Supongo que ya dormiremos cuando volvamos a casa.

A lo que iba, nos recogen en el hotel y nos llevan directos al puerto donde cogemos un barco que nos lleva lentos pero sin pausa directos al Parque Marino de Mu Ko Ang Thong, son un conjunto de 42 islas vírgenes protegidas que forman un paisaje espectacular y son una de las fotos más famosas de Tailandia. En los parques marinos de Tailandia está prohibido construirse, por lo que las islas que forman este Parque Marino de Ang Thong tienen unas playas impresionantes.

El trayecto hasta llegar a nuestra primera parada, son alrededor de 2 horas. Hay opciones de ir en barcos rápidos pero son mucho más incómodos y no llevan los kayak con ellos, por lo que tienen que pagar un extra para hacer kayaking (más el precio de los barcos rápidos que son más caros). Así que disfrutamos muchísimo de la brisa y de como nos alejamos de Koh Samui y vamos acercándonos a todas las islas que forman el Parque Marino.

Vamos con un grupo variado, lo que más hay son alemanes. Y nuestro “guía”, que es como nuestro encargado, habla en inglés y en alemán. Fuimos unas 30 personas más o menos. Para las actividades de la mañana, snorkel y kayak, nos dividimos en dos grupos, por lo que mientras que unos hacían snorkel, los otros hacían kayak, y viceversa para el siguiente turno.

Nosotros empezamos con snorkel, y sus maravillosos erizos de mar, y sus maravillosos souvenirs de espinas clavados en nuestro pies hasta 2 semanas más tarde del viaje. Esta parte, para mí fue un poco más desastre, en un movimiento raro haciendo fotos, se me cayeron las gafas y no hubo forma de encontrarlas, así que snorkel patatero para mí. Si, soy un poco torpe y desastre, y aún sigo viva. Antonio, como veis, disfrutó más de la experiencia mientras yo la liaba parda alrededor.

Llegamos nadando hasta una pequeña calita y de vuelta al barco para hacer kayak. Rodeamos la islita, y nos lo pasamos como 2 enanos, evitando chocarnos, y disfrutando de la experiencia. En el stories de Instagram y Facebook os iré dejando vídeos de este día, para que veáis que bien lo pasamos. Aunque para llegar a este Parque Marino casi la única forma es hacerlo a través de este tipo de excursiones, al menos tuvimos la suerte de que donde hicimos kayak y snorkel solo estuviéramos nosotros. Hemos leído mucho sobre turistas que se quejan de que los llevan a todos al mismo sitio y que es casi imposible hacer snorkel sin ver primero el pie del vecino.

Volvemos al barco, toca comer y ponerse en marcha para la parte más turística del día. Y qué vistas mientras comemos!! Con la brisa del mar, vamos pasando entre islas mientras comemos y descansamos de la mañana. No hay móviles hoy, ni queremos, días así y vistas así, son simplemente para disfrutar del momento y de nosotros.

Vamos directos a la isla Ko Mae Ko, y paramos en una playa (y qué playa, pequeña pero de arena fina, qué maravilla), donde subiendo unas cuantas escaleras bastante empinadas, llegamos al Lago Esmeralda o el lago Thale Nai, un lago que está conectado con el mar por un túnel subterráneo y que tiene un color super intenso turquesa.

Se nos nubló en ese rato el día pero aún así, merece la pena ir, es espectacular y la subida no es difícil de hacer. El color de agua en esta parte del mundo me está dejando impresionada, qué color turquesa más bonito.

Y al barco de nuevo, a la que será la última parada antes de volver a Koh Samui, rumbo a la isla principal, Ko Wua Talap. Sin saber muy bien lo que nos espera, el “guía” nos enseña el camino de subida por donde debemos ir para ir al mirador principal con unas impresionantes vistas. Hemos visto que son 500 m de subida, por lo que nos ponemos en marcha escaleras para arriba.

Ay ay ay, nos vamos animando los unos a los otros. Los escalones están tallados en la montaña, no hay ni uno igual, y son enormes e irregulares, la cuesta arriba es de lo más dura. Vamos parando en cada uno de los miradores como si nos fuera la vida, y no hay nadie que hable, solo se escuchan respiraciones pesadas, miradas cómplices y algún “yo me espero aquí un poco más”. Menos mal que nos ha dado por rellenar la botella de agua y venimos cargados de agua, que si no….esto lo sube Rita.

Al menos la subida es a la sombra, excepto el último tramo entre los dos miradores finales, que ese es a pleno sol. Todos estamos cubiertos de una fina capa de sudor al llegar arriba, y no paramos de felicitarnos todos (aunque no nos conozcamos de nada) por haberlo conseguido. Aunque es duro, las vistas merecen la pena, qué maravilla!!

Al estar en el último mirador completamente al sol, no tardamos mucho más en bajar, hacemos todas las fotos posibles y de camino a la playa. Bajar, se baja mejor, con mucho cuidado por ser los escalones irregulares pero mucho mejor.

Al llegar a la playa, hay duchas gratuitas. Como saben que somos todos unos valientes (insensatos que no saben lo que les esperaba cuando suben) y bajamos llenos de sudor. La ducha nos da la vida, y ya más relajados, nos subimos de vuelta al barco de camino a Koh Samui.

Cuando al fin entramos al hotel, toca duchita y cena. Parece que no, pero estamos agotados del día. Teníamos pensado hacer varias cosas mañana, pero pensamos que al ser el último día, vamos a tomarlo completamente de relax y descanso.

Y como es la última cena, esta noche nos ponemos románticos y nos vamos a uno de los restaurantes que tiene el hotel, donde las mesas están con velitas en un balcón con impresionantes vistas al mar, y esta noche tienen de plato especial langosta. Oye, pues que no se diga que no estamos de vacaciones y de luna de miel. Eso sí, después de cenar (seguimos pidiendo sin acordarnos de que aquí eso de las cantidades se les va de las manos a los tailandeses), nos vamos rodando como podemos a nuestra pequeña villa.

Nos ponemos los bañadores y nos damos un bañito en nuestra piscinita, y ahora que estamos solos y han cerrado el bar de la piscina de enfrente (por lo que no hay luces encendidas), podemos disfrutar de un cielo repleto de estrellas. Se nos va el tiempo de las manos, estamos super agusto, charlando, mirando las estrellas, disfrutando de este momento de los 2 juntos en un sitio como este y del viaje que nos hemos dado. Esto es vida.

Categorías:asia, tailandia

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